La elección del tipo de negocio a poner en marcha es el punto de partida de todo proyecto empresarial. En torno a la idea que inicialmente se planteen los promotores van a articularse toda una serie de actuaciones que llevarán, con el paso del tiempo, a la creación de la empresa.
La elección de la idea ocupa, pues, un lugar importante dentro del proceso de creación, y debe ser objeto de la debida atención.
Son muchos los factores que pueden llevar a una persona a inclinarse por un negocio concreto; factores que en unos casos actúan en sentido positivo, es decir, animando a elegir una opción determinada, y en otros lo hacen en sentido contrario, actuando como filtro de posibles ideas alternativas. Así, el conocimiento de un mercado concreto puede ser un factor determinante para que una persona decida introducirse empresarialmente en el mismo, mientras que la necesidad de unos conocimientos técnicos específicos o unas necesidades económicas elevadas pueden ser factores que disuadan de abordar determinados negocios.
Con carácter general, puede considerarse que la elección de la idea puede venir determinada por alguno de los siguientes factores:
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Oportunidades de negocio en mercados poco abastecidos, de nueva creación o con un alto potencial de crecimiento.
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Conocimientos técnicos sobre mercados, sectores o negocios concretos.
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Simplicidad del negocio
Una vez definida la idea de negocio sobre la que se estructurará la empresa, y antes de entrar en el análisis pormenorizado de la misma y la elaboración del Plan de Empresa, conviene que los promotores se planteen algunas preguntas:
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¿Se trata de una idea realista?
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¿Es viable técnicamente?
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¿Es viable desde el punto de vista económico?
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¿Se está en condiciones de poder acometerla?
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¿Su rentabilidad va a justificar los esfuerzos necesarios para ponerla en marcha?
En algunos casos estas preguntas sólo podrán contestarse una vez elaborado el correspondiente estudio, pero en otros sí se podrá tener una aproximación a las mismas y una primera idea de las posibilidades del negocio. En el caso de que alguna de las respuestas sea negativa, lo mejor sería abandonar la idea y buscar otra.
Otro aspecto a tener en cuenta cuando se trata de poner en marcha un proyecto empresarial en torno a una idea concreta, es la ilusión y la confianza que los promotores tienen en la misma.
Creer de forma decidida en la idea elegida y enfocar su desarrollo con entusiasmo, es un factor determinante a la hora de llevar el proyecto a la práctica. Negocios que en principio parecían poco viables han tenido excelentes resultados gracias al tesón de sus promotores. En cambio, ideas que se preveían excelentes, han fracasado como consecuencia de una falta de entusiasmo en las personas que estaban detrás de ellas.
Así pues, si importante es la elección de la idea sobre la que basar el proyecto empresarial, no lo es menos el estar convencido de que puede ser un éxito. |